Aunque no soy un gran
fanático de las películas de terror, me gusta disfrutar de obras auténticas que
tengan una gran historia y se concentren en crear una atmosfera tremendamente inquietante,
en los últimos años; “The Babadook” (2014), “The Witch” (2015), “El Conjuro 2”
(2016) y “Anabelle: Creation” (2017) han cumplido con la crítica y con su
audiencia, pero de resto son muy pocas las que nos han dado sustos auténticos.
Producida por A24, este año nos ha llegado “Hereditary”, una increíble cinta de
terror que ha superado el hype que generaron sus terroríficos tráilers y que se
proyecta desde ya como una seria candidata en la temporada de premios.
Escrita y dirigida por
Ari Aster, la cinta cuenta las historia de la familia Graham, que tras la
muerte de la matriarca empieza a desmoronarse. Esta pérdida familiar se
convierte en un asedio paranormal y agónico que persigue sin tregua a Annie
(Toni Collette) y a su familia, que comienzan a descubrir secretos extraños y
cada vez más aterradores sobre sus antepasados. Cuanto más descubren, más
tendrán que enfrentarse al siniestro destino que parece haber heredado y serán
testigos de una presencia maligna que trae consigo una serie de sucesos
inexplicables.
Nombrada por algunos,
como “El Exorcista” (1973) de nuestra generación, “Hereditary”, es en efecto
una película de terror psicológico prácticamente perfecta, pero es de una raza
distinta a la maravillosa obra de William Friedkin, cuyo impacto generacional
es inalcanzable en estos tiempos de dispersión generalizada a causa del exceso
de información. Así que, comparaciones aparte, esta película es su propio espécimen
y no necesita levantarse sobre los hombros de nadie: cuenta el deterioro de las
relaciones familiares a partir de la muerte y siempre se concentran en
mostrarnos como son los personajes, y como van evolucionando conforme avanza la
trama.
Esta no es una cinta
tradicional de terror, aquí no hay mucha sangre, jumpscare ni screamers,
lo que si hay es puestas de escena increíbles, construidas para crear un
ambiente lleno de suspenso y tensión en el que Aster te va presentando que es
lo que quiere que veas y cuando verlo, te lleva de la mano de a poco hasta
estar tenerte al borde del asiento y que pidas de una vez por todas que la escena
termine. Hay secuencias increíblemente brutales, muy inesperadas en las que el
manejo de la cámara tiene un papel fundamental en la creación de una atmósfera
de terror.
Por otro lado, esta
película demanda la atención completa del espectador puesto que hay muchos
momentos en los que suceden cosas en el fondo que se mantienen fuera de foco, el
terror o la inquietud que puedas tener dependerá completamente de lo inmerso
que estés en la pantalla. Una de las tantas cosas que me han gustado, es que
todo lo que ves en pantalla se siente real, en todo momento tienes la sensación
de que algo está mal, pero no sabes exactamente qué, aquí el director logra
homenajear en un aspecto bastante difícil a “Rosemary’s Baby” (1968) –Aster
declaró en varias entrevistas que su punto de partida fue esta cinta y “Don’t
Look Now” (1973) –
Otro punto muy alto,
son las actuaciones, Toni Collette como Annie mostrando su amplio rango
dramático hace un grandísimo papel –la escena mientras cena es de lejos mi
favorita– es una mujer atormentada por sus problemas que poco a poco se va
desmoronando, destrozada por la muerte de su hija, afectada a su manera por la
muerte de su madre y preocupada por lo que acecha a su familia; Alex Wolff como
Peter, hace un buen papel pero que en los momentos más tensos se ve limitado,
muchísimo más cuando comparte escena con Collette –aunque en la escena del
pupitre lo hace increíble–; Milly Shapiro como Charlie se luce en un gran papel
y pasa a ser junto a Regan, las gemelas Grady y Damien Thorn –él de Harvey
Stephens– de los niños más terroríficos en el cine; de Gabriel Bryne y Ann Dowd
como Steve y Joan no puedo decir mucho, solo que no desentonan.
Por último, me fascinó
que detrás de toda la historia hayas una fascinante mitología que se va
explorando de a poco y da una faceta de lo sobrenatural de una forma distinta y
no recurre a los horrores de siempre, Aster va soltando pistas de a poco y
conforme se va acercando el final todo encaja de manera perfecta, aspecto que
le suma aire de thriller detectivesco.
Si hay algo que no me terminó de gustar es que introducen muchos otros temas
que no concretan bien y dejan un tanto al aire –no mencionaré ninguno porque
revelaría datos importantes–.
En conclusión, “Hereditary”
es una fascinante historia, que causa terror del bueno, manteniendo expectante
creando situaciones extrañas que harán que te retuerzas en tu asiento, pues la
atmósfera de tensión está tan bien lograda que posiciona este filme como una de
las mejores del año y la mejor de terror sin lugar a dudas por delante de “A
Quiet Place”.
Jaír Oquendo


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