La trayectoria de
Martin McDonagh venía precedida por dos divertidas comedias negras con estilo tarantiniano como “In Bruges” (2008) y
“Seven Psychopaths” (2012). En ellas ya mostraba una incorrección y brutalidad
de cómic de línea Vértigo y conseguía que el espectador se plantease en muchas
ocasiones si era oportuno reír con muchos de sus gags. En la misma línea pero
más volcado al drama llega “Three Billboards Outside Ebbing, Missouri” (2017),
una película que ha recibido elogios por su dirección, guion, montaje y las
actuaciones de un grandioso reparto en el que se encuentran los nombres de
Frances McDormand, Woody Harrelson y Sam Rockwell.
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| Poster oficial |
Para contarnos esta
historia, McDonagh nos traslada a Ebbing, Misuri, un pequeño pueblo de Estados
Unidos en el que Mildred Hayes (Frances McDormand) decide contratar tres vallas
publicitarias a la entrada del pueblo con mensajes controvertidos para poner en
evidencia la incompetencia de la policía y su jefe, William Willoughby (Woody
Harrelson). Han pasado varios meses desde la violación y asesinato de su hija y
aún no se tiene ningún sospechoso, estos anuncios servirán para divulgar un
recordatorio, el de un crimen sin resolver y constatar una evidencia, que nadie
ha sido detenido. Las consecuencias serán una guerra abierta contra la policía
del pueblo y una agria respuesta por parte de sus habitantes.
El cine de McDonagh
siempre ha estado cargado de humor negro, pero lo verdaderamente importante no
es su color, es la inteligencia con la que el director angloirlandés ejecuta su
comedia. La película tiene la fachada de uno de esos thrillers al estilo de
David Fincher, pero resulta que no, es un dramón épico estructurado de una
manera atípica, el guion no está escrito con la estructura clásica de los tres
actos –inicio, desarrollo y desenlace–, más bien está estructurado como una
novela, se va desarrollando capítulo a capítulo –McDonagh también es dramaturgo–
y la puesta en escena de su director le termina de dar ese toque de teatro que
se siente bastante fresco y le suma agilidad el montaje.
Un gran punto a favor
que en encuentro es situar la película en Misuri, ya que es el estado más
racista e intolerante del país más racista e intolerante –la crème de la crème
de la estupidez humana–, un lugar que parece nunca haber superado la Guerra
Civil. ¿Qué tan racista es realmente? Tan racista que en 2015 el estado tuvo
que intervenir en un conflicto de abuso en la Universidad Estatal de Misuri,
tan racista que algunos locales “legalizaron” la discriminación y tan racista
que el mismo estado tuvo que lanzar una alerta para prevenir a los turistas de
color de evitar pasar por Misuri, es por tal motivo que ubicar la historia ahí
es tan relevante, ya que la cinta toca en esencia el tema del odio, una de sus
facetas, el racismo y antes de eso, el prejuicio.
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| Los tres anuncios contratados por Mildred. |
Este filme se sostiene
por mucha cosas, una de ellas, las actuaciones. Frances McDornand lo hace
increíble, su perfil llena la pantalla, genera un propio elemento icónico
automático por sí sola y su interpretación, brutalmente divertida y triste,
mereció todos los premios que terminaron en sus manos, además, su actuación va
bastante acorde el desarrollo de su personaje, me hace acordar a su papel de
Marge Gunderson en “Fargo” (1996) y de Linda Litze en “Burn After Reading”
(2008). Sam Rockwell no se queda atrás a mi parecer lo hace incluso mejor que
McDornand, sabe llevar bien todas las facetas de su personaje en cada momento
de la película y vaya que la tarea era difícil, ya que su personaje es el más
complejo; Woody Harrelson tampoco lo hace mal, su participación aunque es un
poco más discreta que la de los demás siempre resalta cuando está en pantalla y
en algunas escenas que comparte con Rockwell o McDornand, se destaca aún más
que ellos –por ejemplo la escena en la que el jefe Willoughby le tose sangre a
Mildred en la cara–. Por otra parte, las actuaciones de Peter Dinklage, Abbie
Cornish, Lucas Hedges y Caleb Landry Jones están bien, cumplen la tarea con sus
respectivos personajes, pero no hay ninguno para resaltar.
Otro aspecto loable es
lo sincera que es la película de sí misma, cuando vemos películas dramáticas,
lo ideal es ver a las personas con sus cosas buenas y malas, y uno de los
mensajes aquí es precisamente que el ser humano es capaz de ser lo peor y lo
mejor en una misma persona, creo que es algo bastante gratificante ver que por
fin hay una película donde no ponen a los personajes en una altura moral tan
alta que los espectadores no se puedan sentir identificados.
Mientras otras cintas
y/o cineastas no han logrado entender cómo es que un personaje afecta a su
entorno y por lo tanto provoca que el resto de los personajes arqueen, McDonagh
ha conseguido perfeccionarlo, sabe que las cosas no pueden regresar a su estado
original, que todo lo que toque el personaje ha de sufrir la consecuencia de su
maldición. La tan mentada comedia negra en la cinta es tan hilarante como se
mencionaba, está muy bien empleada y trabajada, no importa qué clase de
espectador seas, vas a reír tan fuerte como todos, aunque al principio si hay
un intento de contener las risas ya que las cosas por las que reír son
terribles, pero conforme avanza la película, la tensión se va soltando.
El guion, como ya
mencione antes, está escrito de manera atípica, pero eso no le quita la
genialidad a este filme, ya que está llena de plots point que hacen que la trama tome más energía y avance de
manera fresca, hay momentos inesperados en el desarrollo que hace que los
personajes se den cuenta de sus problemas e intentan redimirse, hay tres
momentos clarísimos en la película, la escena ya mencionada de Willoughby
tosiéndole sangre en la cara a Mildred, el otro momento es cuando Mildred está
acomodando las flores y aparece el ciervo que sería una representación de la
belleza, algo que aparece inesperadamente en su vida que la termina de
convencer de soltar su problema y la tercera es cuando Dixon termina quemado en
el hospital todo vendado y se le acerca Welby, aquí se da cuenta de lo herido
que está por su culpa, le pide perdón y Welby en vez de buscar venganza de
alguna forma, le sirve jugo y se lo pone a un lado –la escena más desgarradora
de toda la película–.
En conclusión “Three
Billboards Outside Ebbing, Missouri” es una de las mejores películas del 2017,
una auténtica obra maestra y un claro ejemplo de desarrollo de personajes y de
construcción de historia, entretenida, apasionante, carismática, divertida y
cómica. Desde mi perspectiva no tiene ningún punto en contra, para otros
espectadores quizás haga ruido su final semi-abierto, pero creo cierra de forma
ideal.
Jaír Oquendo


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