Mientras Hollywood opta
por hacer franquicias, blockbusters, reboots y remakes, como una estrategia desesperada para combatir la pérdida
de espectadores y el auge de las plataformas streaming, otros cineastas alejados de las grandes productoras
demuestran que todavía hay vida, hay mucho mercado para las producciones más
modestas. Por supuesto que nos encanta ir al cine y disfrutar de un gran
espectáculo, pero sinceramente salvar al mundo aunque no está pasado de moda
está sobrevalorado, sin embargo, no nos cansamos de ver como se intenta salvar
una relación amorosa. En enero de 2017 se ha estrenado en Sundance “The Big
Sick” una excelente comedia romántica a la cual he tenido que esperar 18 meses
para que llegara a las salas de cine venezolanas.
Basada en la peculiar
historia real de Emily V. Gordon y Kumail Nanjiani –quienes además coescriben
el guión–, producida por Judd Apatow y dirigida por Michael Showalter, nos
muestra la vida de Kumail (Kumail Nanjiani), un comediante de origen paquistaní
que conoce a una chica americana blanca llamada Emily (Zoe Kazan) en una de sus
funciones. Cuando su relación empieza a florecer, Kumail empieza a preocuparse
por lo que sus padres, unos musulmanes muy tradicionales, puedan pensar de
ella. Cuando Emily de pronto se enferma y entra en coma, Kumail se encuentra a
sí mismo desarrollando una estrecha relación con sus preocupados padres, Terry
(Ray Romano) y Beth (Holly Hunter).
En todos los años del
cine, podemos pensar que lo hemos visto todo y por supuesto que hay ciertos
clichés, arquetipos y esquemas que se repiten en todos los géneros. En las
historias románticas, ya sean dramas, comedias o cualquier otra mezcla, lo
habitual es presentar a un chico o una chica, cuya rutina cambia al conocer al
amor de su vida, pero para estar juntos tienen que superar un gran conflicto
que amenaza con separarles. Por lo general, estos conflictos son traumas, la
distancia, una adicción, o en este particular caso, las barreras culturales.
En principio, “The Big
Sick” parece lo mismo de siempre, con la particularidad que nuestro
protagonista es un cómico paquistaní, pero es más que eso, Kumail debe lidiar
con muchos conflictos personales, a la par que trata de afrontar el hecho de
que la mujer que ama está en coma. Por una parte él lleva casi toda su vida en
Estados Unidos, y ha adoptado el modo de vida estadounidense, en su totalidad,
su familia no lo sabe. Y sigue actuando como si él fuera a seguir las
costumbres de su religión: un matrimonio arreglado por sus padres con una joven
paquistaní y musulmana.
De aquí en adelante
surgen el gran obstáculo en términos románticos, Kumail no está interesado en
ninguna de las pretendiente que sus padres le presentan, está más interesado en
ser libre de elegir a su propia pareja. Y así, un día conoce a Emily, y aunque
toda va sobre ruedas, el conflicto cultural-racial se interpone entre ellos.
Cuando parece que toda la cuestión se resumirá en Kumail tratando de hacer
frente a este problema es cuando surge la enfermedad de Emily.
Es cuando Emily enferma
que la película realmente arranca, ya cuando visita el hospital, Kumail conoce
a los padres de ella, que están al tanto de los problemas que tuvieron en su
relación y no pueden evitar mostrarse notablemente a favor de su hija. Los
momentos de interacción que hay al principio entre ellos se sienten profundamente
incómodos, pero conforme vayan conociendo más aspectos de su personalidad y de
sus vidas, su relación se sentirá un tanto más cercana y mucho menos tensa.
Esta película se siente
única, fresca y auténtica, por los innumerables detalles que le imprime
Showalter para contar la historia. Sin ser una maravilla, destaca notablemente
en su género por las peculiaridades que le aportan la historia real y lo meticulosamente
escrito que está su guión para así poder mantener el equilibrio entre humor y
drama, también se agradece el retrato normal de personajes musulmanes, en
situaciones y conversaciones cotidianas. Además de eso cuentan con un casting
que elevan a “The Big Sick” por encima de la media, Nanjiani y Romano lo hacen
increíble.
Kumail domina este
personaje basado en su propia vida y las incómodas situaciones que tiene tanto
con sus padres como con los de ella, aportan momentos muy disfrutables. Las
escenas del 11-S y de la “pijamada” de Terry y Kumail son antológicas, parecen
sencillas, pero derrocha mucho talento. No me sumo a las personas que ponen por
las nubes a esta película, aunque puede decir que es una de las que más me han
gustado y me ha hecho reír este año. Su estructura es bastante básica, ya que
desde un principio podemos imaginarnos cuál será el desenlace, pero hay cierta
comodidad en ello que simplemente hace que termine redonda.
En conclusión, puedo
decir “The Big Sick” es una de las películas más encantadoras y divertidas que
he visto en 2018 –y perfectamente una de las mejores que salió en el año de su
estreno– bastante predecible, pero que tiene momentos muy hilarantes y
románticos que a más de uno le fascinará.
Jaír Oquendo


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