Recientemente Netflix y
Blumhouse han anunciado una alianza para coproducir películas que obviamente
estarán disponibles en la plataforma streaming,
este anuncio me tenía un tanto preocupado porque soy un fanático de las
películas de terror que produce Blumhouse, pero por otra parte se me ha hecho
casi imposible conectar con cintas originales de Netflix, del género que sea y
cuando lo logro tampoco hay tanta satisfacción, –“Gerald’s Game” y “Okja”
(2017) son clase aparte– mi preocupación se centraba en saber cuál de las dos
productoras impondría su estilo, y con el lanzamiento de “Cam” (2018) he tenido
un primer vistazo muy satisfactorio.
Dirigida por Daniel
Goldhaber, escrita por Isa Mazzei –ambos debutantes– “Cam” nos cuenta la
historia de Alice (Madeline Brewer), una camgirl
que trabaja en un website erótico y que intenta mantener su vida privada al
margen. Un día, cuando intenta loguearse, descubre que alguien está utilizando
su perfil: una réplica exacta de ella misma. A medida que su doppelgänger la empuja a límites
insospechados, Alice comenzará a perder el control de su vida y de los hombres
con los que se relaciona. Para recuperar el control, tendrá que resolver el
misterio de quién es la mujer que la ha suplantado.
Cuando Blumhouse
anunció que la cinta estaría ambientada en entornos virtuales y trataría sobre
temas como suplantaciones de identidad y otros horrores propios de los tiempos
actuales, era sencillo imaginar una intriga parecida a lo que terminó siendo “Cam”.
Esto es: pocos personajes, entornos claustrofóbicos y dramas digitales con los
que resulta fácil empatizar. En un principio parece que la película tendrá una
historia algo convencional a los tiempos que vivimos, pero constantemente se va
sacando de la manga artilugios que favorecen al ritmo de la narración.
Goldhaber no pierde
tiempo en plantar aburridas tramas introductorias mostrando como Alice se
introduce en el mundo de las webcams porno, va directo al grano, tenemos una
protagonista experimentada en el negocio, que tiene una familia, colegas y
fanáticos, prescindiendo de esa labor introductoria, la película se permite ser
más concisa y trabajar en personajes, atmósferas y situaciones más absorbentes.
De hecho es bastante fácil encariñarse con Alice, sentir miedo por lo que lo
ocurre y hasta preguntarnos ¿Qué haríamos si estuviésemos en una situación
parecida?
Isa Mazzei, ha plasmado
en la historia sus propias experiencias como camgirl, y se nota, porque prescinde completamente del temible tono
paternalista de las cintas de este tipo, y hace un trabajo extraordinario
sumergiendo en cotidianeidad un trabajo con su parte exótica pero que no deja
de tener sus rutinas, sus peligros, sus frustraciones y sus pequeñas satisfacciones.
Goldhaber no le interesa mostrar la vida de una camgirl, se preocupa por crear un thriller que se va de frente a enseñarnos un mundo obscuro y el
viaje que su heroína tiene que dar en él.
Una heroína que se
revela como autosuficiente y en ningún momento necesitada de ayuda de nadie
para solventar una situación extrema, o para esquivar una subtrama más
cotidiana y que a más de un espectador con una doble vida en internet lo hará
sudar frío. La historia fluye tonteando con los peligros de la red, pero lejos
de ser una tesis sobre el tema, muestra con bastante ímpetu el horror al que
nos exponemos todos los días tocando influencias del cine de terror de los años
70 en el que el horror se depositaba en la otra persona.
En conclusión, “Cam” me
parece una película genial, con el estilo impregnado de Blumhouse, pero que
recoge las cosas buenas que tienen las producciones de Netflix. No se sumerge
en problemas innecesarios y constantemente va sobre la marcha de su propia narración,
respira aires de thriller clásico y
de Brian De Palma, su director se concentra en hablar un idioma que sólo
entenderán los adictos a las nuevas tecnologías y plantea propuestas bastante
llamativas a las que debemos estar atentos.
Jaír Oquendo


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