Cuando una saga se
alarga y se alarga, a veces existe la posibilidad de que el público se agote y
de que se pierda la frescura en las diferentes películas. Sin embargo, parece
que con “Misión Imposible”, ha ocurrido todo lo contrario, desde que salió la
primera en 1996 dirigida por el gran Brian de Palma, salvo por “Misión
Imposible 2” (2000) de John Woo, todas han dado un salto de calidad increíble.
Esta saga la considero una de las mejores de acción y sin duda alguna la mejor
de espionaje, por encima de cualquiera de los seis James Bond que ha habido en
la pantalla grande y de las de Jason Bourne, así que hoy hablaré de la gran
saga comandada por Tom Cruise, “Misión Imposible: Fallout” (2018).
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| Poster oficial |
Escrita y dirigida por
Christopher McQuarrie –el mismo responsable de “Misión Imposible: Rogue Nation”
(2015)–, esta cinta trae devuelta a Ethan Hunt, y a su fiel equipo integrado
por Benji Dunn (Simon Pegg) y Luther Stickell (Ving Rhames) quienes después de
que una misión sale mal, deben aliarse al letal agente de la CIA, August Walker
(Henry Cavill) para recuperar tres cargamentos de plutonio robados por un
traficante de armas y un grupo terrorista conocido como Los Apóstoles los
cuales pretenden realizar un triple ataque nuclear.
Esta cinta a lo largo
de sus dos horas y media de metraje logra colarse como la mejor entrega de la
saga desde que se estrenase en 1996 la cinta original. Un logro que consigue,
en parte, por su magnífico equilibrio tonal y narrativo y, por encima de todo,
al respetar las señas de identidad que ha hecho grandes las aventuras de Hunt y
compañía, apartando el plus de espectacularidad a una fórmula preestablecida.
Una de estas marcas de
la casa radica en sus espectaculares puestas en escena que son acompañadas por
una espléndida cinematografía de Rob Hardy –el mismo encargado de “Ex Machina”
(2014) –. Unas escenas de acción con unos índices de calidad abrumadores, en
todo aspecto, desde las coreografías hasta la realización, el plano secuencia
en el avión al hacer el salto HALO es un gran ejemplo, y es que en “Fallout”
tocan techo en una frenética orgía de caos, muerte y destrucción que bien
merece sus comparativas con “Mad Max: Fury Road” (2015) –sigue siendo
imbatible– por la esteticidad y lo preciso de su show.
De este modo, McQuarrie
hace una exhibición de músculo y alardea del dominio del lenguaje
cinematográfico que tiene, puesto que la acción en la película no interrumpe en
ningún momento con la narrativa, todo se desenvuelve armoniosamente y esto es
completamente envidiable; sucediendo en la pantalla tiroteos, peleas cuerpo a
cuerpo, persecuciones sobre cuatro y dos ruedas –soberbia la secuencia de
conducción en París– e incluso áreas con un ritmo óptico incansable. Algo
perfectamente traducible en una función marcada por las mandíbulas desencajadas,
gestos de estupefacción y risas nerviosas fruto del asombro.
Otra clave de la cinta
es su increíble guion, que posee todo el espíritu de la película de De Palma
con su enrevesada trama de espionaje heredada por sus sucesoras. Un auténtico
festival de plot twists con dobles juegos, topos, sorpresas –algunas sí eran
predecibles– y un argumento demencial, excesivamente retorcido pero plenamente
satisfactorio, que cohesiona elementos de anteriores entregas con mucha
inteligencia. Además su director hace notables referencias a “The French
Connection” (1971) en la ya mencionada persecución en París y a “North by
Northwest” (1959) en la escena del
helicóptero al final.
Si algo tiene esta cinta
es que tiene muchísima sustancia, quizás demasiada y para algunos espectadores
podría ser confuso y engorroso, ya que ver esta película es como ver “Kill
Bill: Volumen 1” (2003) y “Kill Bill: Volumen 2” (2004), “Fallout” está
directamente conectada con “Rogue Nation”, ya que trae a escena otra vez a
Solomon Lane (Sean Harris) y a Ilsa Faust (Rebecca Fergusson), el primero con
la egocéntrica y despiadada necesidad de resolver asuntos pendientes con Ethan
Hunt y a la segunda con la obligación de limpiar su nombre y ser libre.
Es muy agradable el
mimo con el que el libreto trata sus arquetípicos personajes; especialmente a
la figura de Ethan. McQuarrie dota de cierta profundidad al espía, indagando en
los rincones más profundos de su psique, en las entrañas de su duro oficio y en
los efectos que este tiene entre su día a día y sus relaciones personales.
Si el abanico de
protagonistas y secundarios brilla sobre el papel, estos destacan de igual modo
personificados por un reparto entregado al cien por cien a la causa. Mientras
los nuevos fichajes con creces su función –Henry Cavill está un poco flojo,
pero exuda carisma–, los veteranos, con sus papeles completamente
interiorizados, se muestran en su terreno; destacando como es obvio a Tom
Cruise que no tengo ni idea de cuál habrá sido su salario, pero no es lo
suficiente, ya que funge como el mejor efecto especial que podría contratarse
en una producción de este corte.
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| Cruise se fracturó la pierna izquierda después de hacer este salto |
Lejos de mostrar los
claros signos de agotamiento que otra sagas cinematográficas padecen, “Misión
Imposible: Fallout” deja en claro que esta saga no solo continúa en plena
forma, sino que mantiene su racha ascendente en términos de calidad y
diversión. Se posiciona como una de las mejores películas de la década junto a
“Mad Max: Fury Road”, “The Raid” (2011) “John Wick” (2014) y “John Wick:
Chapter 2” (2017).
Jaír Oquendo



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